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OTRA DIMENSION: DEVORADOS

La última vez que vio a Glen Miller, estaba subiendo al avión con una sonrisa en la cara. Era el 15 de diciembre de 1944, y el famoso músico de jazz se dirigía a París para dar un concierto a las tropas aliadas. El piloto, el teniente John Morgan, le dio la mano y le deseó un buen viaje. El avión, un pequeño monomotor UC-64 Norseman, despegó del aeródromo de Twinwood Farm, en Inglaterra, y se perdió entre las nubes.

Morgan nunca imaginó que ese sería el último vuelo de su vida.

El avión nunca llegó a su destino. Se esfumó sobre el canal de La Mancha, sin dejar rastro. Nadie supo qué pasó con él, ni con Miller, ni con los otros dos pasajeros, el coronel Norman Baessell y el sargento Bertram Sluman. Se especuló con que el avión pudo haber sido derribado por un caza alemán, o que se estrelló por una falla mecánica, o que se desvió de su ruta por el mal tiempo. Pero nunca se encontraron restos, ni cuerpos, ni evidencias. 

Pero el piloto, John Morgan, desde la cabina vio claramente la verdad. Y la verdad era mucho más horrible que cualquier teoría.

La verdad era que el avión entró en una zona de turbulencia que lo sacudió violentamente. La verdad era que Miller empezó a gritar, como si algo lo estuviera atacando. La verdad era que Morgan vio cómo unas garras afiladas salían de la oscuridad y le arrancaban la cabeza al músico. La verdad era que Baessell y Sluman corrieron hacia la cabina, pero fueron interceptados por una criatura alada que los despedazó con sus dientes. La verdad era que Morgan trató de escapar en la oscuridad que lo rodeaba, pero el monstruo lo atrapó y lo devoró. La verdad era que el avión entró en una dimensión paralela, donde habitaba una bestia infernal que se alimentaba de los viajeros perdidos. Una bestia que había estado esperando a su próxima víctima. Una bestia que había elegido el avión de Glen Miller como su plato principal.

La verdad era que Glen Miller no desapareció. Fue devorado.

NOTA HISTORICAGlenn Miller era un músico de éxito en los años 30 y 40. Se alistó en la Fuerza Aérea en la Segunda Guerra Mundial, donde sus habilidades musicales fueron muy útiles. En 1994, viajó a Francia para que su grupo pudiese tocarles a las tropas, en París. Sin embargo, su avión nunca llegó a su destino. Miller, sus dos acompañantes y el avión desaparecieron en algún lugar sobre el Canal de la Mancha y nunca más aparecieron.