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LA ULTIMA LLAMADA

Sara estaba nerviosa. Había recibido una llamada de su hermano David, quien le había dicho que iba a hacer algo muy importante y que no volvería a verlo. Le había pedido que no le hiciera preguntas y que confiara en él. Le había dicho que la amaba y que pronto estaría en un lugar mejor.

Sara sabía que David se había unido a una secta llamada Heaven’s Gate, que creía en la existencia de extraterrestres y que prometía un ascenso a un nivel superior de la vida. Sara había intentado convencerlo de que dejara ese grupo, pero él se había negado. Le había dicho que había encontrado su propósito y que era feliz.

Sara temía lo peor. Había escuchado rumores de que la secta planeaba un suicidio masivo, aprovechando el paso de un cometa que supuestamente ocultaba una nave espacial. Sara no podía creer que su hermano fuera capaz de hacer algo así. Decidió llamarlo de nuevo, esperando que contestara.

Marcó el número que le había dado, pero nadie respondió. Insistió varias veces, pero solo escuchó el tono de llamada. Se desesperó y decidió ir a la dirección que le había dado, que correspondía a una mansión en las afueras de la ciudad.

Cuando llegó, vio varios autos estacionados frente a la casa. Tocó el timbre, pero nadie abrió. Golpeó la puerta con fuerza, pero tampoco obtuvo respuesta. Decidió entrar por una ventana que estaba abierta. Al hacerlo, sintió un escalofrío. La casa estaba en silencio y había un olor extraño en el aire.

Sara avanzó por el pasillo, llamando a su hermano. No escuchó ningún sonido, excepto el de sus propios pasos. Entró en una habitación que estaba llena de camas. Sobre cada una de ellas, había un cuerpo cubierto con una sábana morada. Sara se acercó a una de las camas y levantó la sábana. Lo que vio la hizo gritar.

Era el rostro de David, pálido y sin vida. Tenía los ojos cerrados y una sonrisa en los labios. Llevaba un traje negro y unas zapatillas deportivas. En su pecho, había un parche con el logo de la secta y la frase “Heaven’s Gate Away Team”. En su mano, había un recipiente vacío.

Sara soltó la sábana y retrocedió, horrorizada. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que todos los cuerpos eran iguales. Eran los miembros de la secta, que se habían quitado la vida siguiendo las instrucciones de su líder. Sara sintió un nudo en la garganta y unas lágrimas en los ojos. Había perdido a su hermano para siempre.

De repente, escuchó un ruido. Era el teléfono que sonaba en la mesita de noche. Sara se acercó y lo cogió. Al otro lado de la línea, escuchó una voz que la heló la sangre.

  • Hola, Sara. Soy yo, David. Te llamo desde el otro lado. Estoy bien. Estoy feliz. He llegado al nivel superior. Estoy con los extraterrestres. Son maravillosos. Me han dado un nuevo cuerpo. Un cuerpo perfecto. Un cuerpo eterno. Te quiero, Sara. Te espero aquí. Solo tienes que hacer lo que yo hice. Solo tienes que tomar el veneno. Solo tienes que dejar tu vehículo. Solo tienes que venir conmigo. ¿Me escuchas, Sara? ¿Me escuchas?¿Lo harás?¿Lo vas a hacer por mi? Te quiero, Sara. Quiero que vengas conmigo...

Sara soltó el teléfono y salió corriendo de la casa, gritando.


NOTA HISTORICA: La secta Heaven's Gate, liderada por Marshall Applewhite se fundamentaba en un culto que mezclaba la fe cristiana, la ufología y la nueva era. Dejó de existir el 19 o 20 de marzo de 1997, cuando  Applewhite convenció a 38 seguidores para que se suicidasen ingiriendo cantidades letales de fenobarbital, con el supuesto objetivo de que sus almas pudiesen embarcar en una nave extraterrestre que las transportaría al siguiente nivel de la vida.