Era una noche oscura y tormentosa en el oeste de Pensilvania. Un grupo de adolescentes aburridos decidió salir a dar una vuelta en el coche de uno de ellos, buscando algo de diversión y aventura. Habían oído hablar de la leyenda de Charlie No-Face, el hombre verde sin rostro que vagaba por las carreteras, y se propusieron encontrarlo.
- Vamos, no seas cobarde -le dijo Jake a su amigo Mike, que conducía el coche-. Seguro que es solo una historia inventada para asustar a los niños.
- ¿Y si no lo es? -replicó Mike, nervioso-. ¿Y si nos encontramos con ese monstruo y nos ataca? ¿O si nos persigue hasta nuestra casa y nos mata en la cama?
- No seas ridículo -se burló Jake-. Eso solo pasa en las películas de terror. Además, dicen que Charlie No-Face es inofensivo, que solo quiere pasear y fumar cigarrillos. Quizá hasta podamos hacernos amigos de él.
- O quizá no -intervino Lisa, la novia de Jake, que iba en el asiento trasero junto a su amiga Kelly-. A mí me da miedo esa leyenda. ¿No habéis visto las fotos que circulan por internet? Es horrible, parece un muerto viviente.
- Son falsas, seguro -afirmó Jake-. Algún bromista las habrá retocado con Photoshop. No hay nadie que tenga la piel verde y no tenga ojos, nariz y boca.
- Bueno, sea como sea, yo no quiero verlo -dijo Kelly, abrazándose a su osito de peluche-. Prefiero ir al cine o a la pizzería. ¿No podemos ir a otro sitio?
- No, ya hemos decidido ir a buscar a Charlie No-Face -sentenció Jake-. Será divertido, ya veréis. Y si lo encontramos, le haremos una foto y la subiremos a las redes sociales. Seremos famosos.
Los demás no estaban tan convencidos, pero nadie se atrevió a contradecir a Jake, el líder del grupo. Así que siguieron conduciendo por la carretera estatal 351, donde se suponía que aparecía Charlie No-Face. La lluvia arreciaba y los relámpagos iluminaban el cielo. El coche avanzaba con dificultad por el asfalto mojado, mientras la radio emitía una canción de rock.
De repente, Mike frenó en seco. Había visto algo en el arcén, una figura humana que se movía con lentitud.
- ¿Qué pasa? -preguntó Jake, impaciente.
- Creo que lo he visto -respondió Mike, señalando con el dedo-. Ahí, al lado de ese cartel. ¿No lo veis?
Los demás miraron por la ventanilla y se quedaron helados. Era él, Charlie No-Face. Era tal y como lo describían las historias, un hombre de estatura media, con la piel de un tono verdoso, el brazo derecho amputado y el rostro desfigurado. Llevaba un sombrero, una chaqueta y unos pantalones oscuros, y sostenía un bastón en su mano izquierda. Caminaba con dificultad, como si le dolieran los huesos. No parecía haberse percatado de la presencia del coche.
- Dios mío, es verdad -exclamó Lisa, aterrorizada-. Es Charlie No-Face. Vámonos de aquí, por favor.
- No, espera -dijo Jake, sacando su móvil-. Quiero hacerle una foto. Será la prueba definitiva de que existe.
- ¿Estás loco? -protestó Mike-. ¿Y si se enfada y nos hace algo?
- No seas gallina -le retó Jake-. Solo será un segundo. Baja la ventanilla y hazle señas con las luces. A ver si se acerca.
Mike, temblando, obedeció a regañadientes. Bajó la ventanilla y encendió y apagó las luces del coche varias veces, intentando llamar la atención de Charlie No-Face. Este se detuvo y giró la cabeza hacia el coche. Sus cuencas vacías parecían mirarlos fijamente. Entonces, empezó a caminar hacia ellos.
- Ya viene, ya viene -anunció Jake, emocionado-. Prepárate, Mike. Cuando esté cerca, pítale y yo le haré la foto.
- ¿Qué? ¿Estás loco? -repitió Mike-. ¿Y si se asusta y nos ataca?
- No seas cobarde -insistió Jake-. Solo será un segundo. Vamos, hazlo.
Mike, presionado por Jake, pulsó el claxon del coche. El sonido resonó en la noche, sobresaltando a Charlie No-Face. Este se detuvo a unos metros del coche y alzó el bastón, como si fuera un arma. Jake aprovechó ese momento para hacerle la foto con el móvil. El flash iluminó el rostro de Charlie No-Face, revelando su horrorosa deformidad.
- ¡Ya está, ya está! -gritó Jake, triunfante-. ¡Lo he conseguido! ¡Mirad, mirad!
Los demás miraron la pantalla del móvil y vieron la foto de Charlie No-Face. Era espeluznante, parecía un fantasma. Pero lo que más les impactó fue la expresión de su rostro. No era de ira, ni de miedo, ni de dolor. Era de tristeza, de soledad, de desesperación. Era la expresión de alguien que había sufrido mucho y que solo quería un poco de paz.
- Pobre hombre -dijo Kelly, compasiva-. ¿Qué le habrá pasado?
- No lo sé, ni me importa -dijo Jake, indiferente-. Lo que importa es que tenemos la foto y nos haremos famosos en las redes sociales. Vamos, Mike, arranca el coche y vámonos de aquí. Tenemos que enseñarle esto a todo el mundo. Hay que subirlo ya mismo.
Mike, sin decir nada, arrancó el coche y se alejó de Charlie No-Face. Este los vio marcharse y bajó el bastón. Luego, siguió caminando por la carretera, solo, bajo la lluvia.
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NOTA HISTORICA: Todos los habitantes de Pittsburgh (Pensilvania), han escuchado alguna vez la historia de Charlie No-Face ("Charlie sin cara", en español). Este hombre sin rostro se dedicaba supuestamente a vagar por las carreteras de noche.La historia cuenta que el hombre, trabajador de los servicios públicos, sufrió un accidente eléctrico o con ácido (según la persona que la cuente) que lo dejó sin rostro.Sin embargo, lo que pocos saben es que esta historia fue real: Raymond Robinson sufrió un accidente durante su infancia tras el cual su cara quedó completamente desfigurada. Esta es la razón por la que solía evitar las aglomeraciones de gente y pasear por la noche para evitar ser visto.