El sol comenzaba a ocultarse tras las montañas cuando el arqueólogo Liu Wen intentó abrir una vez más la puerta de piedra que bloqueaba la entrada a la tumba. Llevaba semanas excavando en la remota área montañosa de Qingzhou, en la provincia china de Shandong, siguiendo las pistas de antiguas leyendas locales sobre una princesa enterrada viva hacía casi 2.000 años.
Finalmente, sus esfuerzos habían dado sus frutos al localizar la tumba casi completamente cubierta por el paso del tiempo. Pero la robusta puerta de piedra que la sellaba se había atascado, resistiendo cada intento de Liu Wen por forzarla.
- Un esfuerzo más - se dijo a sí mismo, agotado tras horas de trabajo - La historia está esperando ser descubierta detrás de esta puerta.
Aplicando toda su fuerza en la palanca de hierro, notó que la puerta cedía lentamente. Con un último empujón, logró abrirla lo suficiente para colar su delgado cuerpo al interior, iluminado sólo por la suave luz del día que se filtraba por la abertura.
Lo que vio le dejó boquiabierto. A la luz temblorosa de su linterna, con el polvo de siglos revoloteando a su alrededor, se reveló una amplia cámara intacta, como si el tiempo se hubiera detenido en su interior. Y en el centro, sobre un lecho de piedra tallada, yacía el cuerpo momificado de una joven, aún vestida con ornamentados ropajes reales.
Liu Wen examinó el cuerpo con manos temblorosas, comprobando los detalles de su delicada vestimenta y joyería. No cabía duda, había encontrado los restos de la legendaria Princesa Xin Zhui, enterrada viva según rumoreaban las antiguas crónicas hace casi dos milenios.
Transportado por la emoción del descubrimiento, Liu Wen comenzó a tomar fotos y notas a la luz inadecuada de su linterna, sin percibir que los ojos de la momia parecían seguir cada uno de sus movimientos en la oscuridad.
Cuando terminó su registro inicial y se dispuso a salir para dar la noticia de su hallazgo, se quedó perplejo al descubrir que la puerta se había vuelto a cerrar sola dejándole encerrado en la tumba. Movió la palanca con desesperación pero la robusta piedra no cedía.
Atrapado en la cámara funeraria, el arqueólogo empezó a notar que el ambiente se enrarecía. El polvo parecía haber cobrado vida propia mientras una niebla espesa se arremolinaba a su alrededor, oscureciendo el haz de su linterna. Liu Wen sintió un terror creciente que le paralizaba los músculos.
De pronto, en medio de aquella niebla móvil, distinguió dos puntos brillantes que le observaban fijamente desde lo alto del lecho mortuorio. Eran los ojos de la momia, que ahora mantenían una mirada vidriosa pero intensa sobre él. El cuerpo sin vida de la princesa comenzó a incorporarse lentamente, suaves crujidos de huesos resecos rompiendo el silencio de la cripta.
Liu Wen retrocedió aterrorizado hasta quedar acorralado contra la puerta cerrada. La momia se había puesto en pie completamente y se acercaba a él, balanceándose de forma antinatural pero constante, como guiada por una voluntad oculta bajo aquellos ojos penetrantes.
El arqueólogo gritó de pánico al verse acorralado. La momia levantó uno de sus brazos esqueléticos y alargó sus dedos como garras hacia su cuello. En ese momento, Liu Wen sintió una fuerza paranormal que parecía apoderarse de su cuerpo, obligándole a permanecer quieto e inmóvil mientras aquel toque helado le envolvía la garganta.
- ¿Por qué has perturbado mi descanso eterno? - susurró una voz fría y distante en su mente - 2.000 años atrapada en esta prisión de huesos, maldiciendo mi destino. Ahora tu alma me pertenece...
Cuando despertó de su pesadilla, Liu Wen se encontraba tumbado fuera de la tumba, con la puerta abierta de par en par. Se frotaba el cuello dolorido, sin saber si lo ocurrido había sido real o producto de su cansancio y el estrés del hallazgo. Decidió sellar de nuevo la entrada y marcharse de allí lo antes posible.
Pero la maldición de la princesa Xin Zhui no había terminado. A partir de entonces, Liu Wen empezó a sufrir pesadillas cada noche donde era perseguido por aquel espíritu vengativo en forma de momia. Pronto su salud física y mental se deterioraron de forma alarmante, sumiéndole en una espiral de locura y paranoia.
Sus colegas decidieron internarle en un hospital psiquiátrico, pero ni siquiera allí encontró Liu Wen descanso de sus visiones. Una noche, se escabulló de su habitación completamente delirante. Fue encontrado al amanecer en los terraplenes que rodeaban la entrada sellada de la tumba, donde había arañado la tierra con sus propias uñas casi hasta los huesos, gritando que debía impedir que la princesa saliera.
Desde entonces, la leyenda de la maldición de Xin Zhui se ha extendido entre la población local. Nadie se atreve ya a acercarse a la tumba olvidada en medio de la montaña. Algunos aseguran oír por las noches garras rasgando la piedra desde dentro, intentando derribar el sello que mantiene encerrado para siempre el espíritu vengativo de la princesa.
NOTA HISTORICA: Xin Zhui era una miembro de la realeza China en el año 163 a.C. Cuando encontraron su tumba, descubrieron su cuerpo preservado durante más de 2.000 años. Todavía tenía cabello, cejas, sangre en las venas y semillas de melón en el estómago. Los científicos se quedaron desconcertados al ver lo bien conservada que estaba.