Catalina se despertó sobresaltada por un ruido en la oscuridad. Se incorporó en la cama y miró a su alrededor, buscando la fuente del sonido. No vio a Pedro a su lado, pero sí vio el frasco de vidrio que él había puesto sobre la cómoda días atrás. Dentro del frasco, la cabeza de Willem la miraba con una expresión de horror y dolor. Catalina sintió un escalofrío y se tapó la boca para no gritar. ¿Cómo podía Pedro ser tan cruel? ¿Cómo podía obligarla a dormir junto a la cabeza decapitada de su amado?
De repente, el frasco se iluminó con una luz azulada y Catalina oyó una voz que le hablaba susurrante.
- Catalina, Catalina, soy yo, Willem. No tengas miedo, he venido a salvarte.
Catalina se quedó paralizada, sin poder creer lo que oía. ¿Era posible que la cabeza de Willem siguiera viva? ¿O era una alucinación provocada por el terror?
- Willem, ¿eres tú? ¿Cómo es esto posible? -preguntó Catalina con voz temblorosa.
No importa cómo, lo que importa es que te quiero y que no puedo soportar verte sufrir noche tras noche. Pedro es un monstruo, un tirano, un asesino. Te ha quitado todo lo que tenías, te ha humillado, te ha encerrado. Pero yo he encontrado la forma de liberarte. Escúchame bien, Catalina, amada, tienes que hacer lo que te digo.
Catalina sintió una mezcla de esperanza y de miedo. ¿Qué quería Willem que hiciera? ¿Qué plan había ideado?
- Willem, dime qué tengo que hacer -susurró Catalina.
- Tienes que matar a Pedro. Tienes que vengarte de él por lo que nos ha hecho, por separarnos, por asesinar nuestro amor de esta manera tan cruel. Tienes que acabar con su vida y con su reinado. Solo así podrás ser libre y feliz. Solo así podremos estar juntos.
Catalina se estremeció al oír esas palabras. ¿Matar a Pedro? ¿Su esposo, el zar, el hombre más poderoso de Rusia? ¿Cómo podía hacer eso? ¿Y cómo podía estar con Willem, si él estaba muerto?
- Willem, no puedo hacer eso. Es imposible. Pedro tiene guardias, tiene soldados, tiene espías. Me descubrirían, me arrestarían, me torturarían, me matarían. Y tú, Willem, tú estás muerto. No podemos estar juntos. Esto es una locura.
- No, Catalina, no es una locura. Es la única salida. Yo te ayudaré, yo te guiaré, yo te protegeré. Confía en mí, Catalina, confía en nuestro amor. Toma el frasco, Catalina, toma el frasco. Ven conmigo.
Catalina sintió una fuerza irresistible que la empujaba a obedecer. Se levantó de la cama y se dirigió hacia la cómoda. Cogió el frasco con la cabeza de Willem y lo apretó contra su pecho. Le pareció ver que la cabeza le sonría y le guiñaba un ojo.
- Muy bien, Catalina, muy bien. Ahora sal de la habitación, sal del palacio, sal de la ciudad. Yo te diré a dónde ir. No te preocupes por nada, Catalina, todo saldrá bien. Pronto seremos felices, Catalina, pronto seremos libres.
Catalina asintió y salió de la habitación, llevando el frasco consigo. Entonces se dio cuenta de que Pedro la observaba desde la sombra, con una sonrisa maliciosa en su rostro. Él había planeado todo, él había fingido su ausencia, él había puesto la voz que parecía salir del frasco, él había manipulado a Catalina. Él había conseguido su venganza final sobre los dos amantes.
NOTA HISTORICA: El 28 de noviembre de 1724, el zar Pedro el Grande ordenó la decapitación pública de Willem Mons en San Petersburgo, tan solo ocho días después de su detención. Aunque Mons fue acusado de malversación de fondos y abuso de confianza, se decía que tenía una relación con la esposa de Pedro, Catalina, de la que era secretario privado.A pesar de que, al parecer, Mons había llegado a la corte a través de Anna Mons, la amante de Pedro durante mucho tiempo, este seguía estando celoso. Se dice que luego regaló a su esposa la cabeza de su amante e incluso la conservó sobre su mesita de noche como recordatorio.