Andreas, hombre curtido y supersticioso, no tardó en advertir esa presencia invisible y hostil. Huellas dactilares ensangrentadas impregnaban sus libros de contabilidad, mientras que sombras furtivas acechaban tras las ventanas cerradas herméticamente contra el vendaval exterior. El pánico se instaló entre los miembros de la familia Gruber, cuyos gritos desgarradores quedaban ahogados en la noche nebulosa bañada por la luz de la luna.
La tragedia golpearía sin piedad cuando, unos días antes de Navidad, toda la familia Gruber fuera brutalmente asesinada dentro de su propia morada. Andreas, su mujer Theresia, y sus tres hijos, Julius, Josef y Cäcilia, fueron acuchillados salvajemente, víctimas de una ira incontenible e irracional. Sus cadáveres fueron descubiertos por el sirviente Johann Hierzenberger, quien ingenuamente entrara en la granja confiando en encontrarlos reunidos junto al calor humeante de la chimenea.
El espíritu de Andreas Gruber continuó errabundo en aquella granja solitaria, atrapado en un tormento eterno, testigo silencioso de cómo los intrusos eran engullidos uno a uno por la cruel emboscada de la locura. Mientras tanto, el mundo seguía girando sin cesar, ignorante quizás de la terrible verdad que anidaba bajo aquellos techos centenarios: algo malévolo merodeaba libremente en la oscuridad, agudizando sus zarpas y preparando su próximo festín de dolor y destrucción.
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NOTA HISTORICA: La historia real en la que se basa la leyenda urbana de "el asesino del ático" ocurrió en Alemania, en 1922. Andreas Gruber, dueño de una granja, notó que algunas cosas comenzaban a aparecer en lugares diferentes o incluso desaparecer. Su familia también llegó a escuchar pasos y el propio Gruber encontró huellas en su casa. Toda la familia fue asesinada en su hogar unas semanas después. A fecha de hoy el asesinato múltiple de la familia Gruber sigue sin resolverse. Los Gruber han dejado en la cultura popular como legado la leyenda urbana conocida como "el asesino del ático".