Primero, los lugareños declararon que Mary había expulsado de su vientre un conjunto de patas peludas y palmeadas, acompañadas de una cabeza similar a la de un conejo con colmillos afilados y ojos rojos brillantes. Después, se dijo que la mujer regurgitó una masa viscosa y putrefacta que contenía tripas ondulantes y resbaladizas, adornadas con ventosas succionadoras y terminadas en puntas agudas y filosas. Conforme transcurría el tiempo, los relatos se hicieron cada vez más aterradores y surrealistas; según testigos presenciales, Mary arrojó un gran número de conejillos de Indias mutantes, dotados de colmillos y ojos luminosos, seguidos de un enorme conejo blanco con aspecto fantasmal y una mirada perdida y amenazadora.
Preocupadas por tales noticias, las autoridades enviaron a un destacamento de soldados armados hasta los dientes a la casa de Mary Toft, donde descubrieron que la habitación de la mujer estaba empapada por un hedor nauseabundo y repugnante, mezcla de sangre, sudor, fluidos corporales y desperdicios orgánicos en estado de descomposición avanzada. Angustiados por no poder determinar qué diabólica fuerza podía estar originando semejante abominación, recurrieron a un grupo de sabios y expertos en ocultismo y magia negra, procedentes de universidades prestigiosas y academias secretas consagradas al estudio de lo arcano y lo paranormal.
Finalmente, la única esperanza residía en cerrar permanentemente la puerta al averno, incluso si significaba sacrificar a Mary Toft misma. Con pesados corazones, los soldados y académicos se reunieron alrededor de su cama, recitando antiguos conjuros y llevando a cabo sagradas ceremonias diseñadas para expulsar el mal de este mundo para siempre. Pero mientras lo hacían, el cuerpo de Mary comenzó a convulsionar violentamente, su piel volviéndose negra y carbonizada como papel quemado mientras gritaba de dolor y desesperación. Y luego, de repente, todo quedó en silencio. Cuando el polvo se asentó, no quedaba nada de Mary Toft más que un montón de cenizas, y la anteriormente abierta portalada ahora era poco más que un vacío oscuro, sellado por el poder de sus voluntades combinadas.
Mientras los aldeanos regresaban a sus hogares, muchos murmurando plegarias de gratitud en voz baja, los estudiosos sabían que habían ganado solo una victoria temporal contra las fuerzas de la oscuridad. Ya que en algún lugar, profundamente arraigadas en las sombras, las semillas de nuevos horrores yacerían latentes, aguardando el momento en que pudieran florecer y reclamara el dominio sobre la Tierra una vez más...
NOTA HISTORICA: Mary Toft (Godalming, Inglaterra, c. 1701–1763), también conocida como Mary Tofts, fue una mujer inglesa de Godalming, Surrey, que en 1726 se convirtió en objeto de una considerable controversia cuando engañó a los médicos haciéndoles creer que había dado a luz conejos.
Toft estuvo embarazada en 1726, pero luego tuvo un aborto espontáneo. Aparentemente fascinada por un conejo que había visto mientras trabajaba, sostuvo que había dado a luz esos animales. El cirujano local John Howard fue llamado para investigar y, tras encontrar varios animales en la casa, notificó a otros médicos prominentes.
El asunto atrajo la atención de Nathaniel St. André, cirujano de la casa real de Jorge I de Gran Bretaña. St. André investigó y concluyó que Toft estaba diciendo la verdad. El rey también envió al cirujano Cyriacus Ahlers para que viera a Toft, pero Ahlers se mantuvo escéptico.
Para entonces bastante famosa, Toft fue llevada a Londres, donde fue estudiada a profundidad. Bajo intenso escrutinio y al no producir más conejos, finalmente confesó el engaño y fue subsecuentemente encarcelada.
La burla pública que siguió creó pánico en el interior de la profesión médica. Varias carreras de prominentes cirujanos fueron arruinadas y se produjeron muchos trabajos satíricos, mordazmente críticos sobre el tema. El satírico pictórico y crítico social William Hogarth fue especialmente crítico con la profesión médica.
Toft fue finalmente liberada sin cargos y regresó a su casa.